Nuevos hallazgos, resultado de los estudios y con apoyo de nuevas tecnologías, nos van mostrando hacia dónde debemos apuntar en los cuidados para mejorar y procurar una buena salud. Y no sólo estamos hablando de tratamientos clínicos. Hablamos de cómo debemos ajustar hábitos y qué nuevos esfuerzos en nuestra cotidianidad debemos hacer para lograrlo.
Alimentos ultra-procesados
Investigaciones y consolidados de cifras de este 2025 que termina nos confirman el alto riesgo de los alimentos ultraprocesados. Entre los hallazgos se tiene que pueden aumentar el riesgo de muerte en un 15%, que quienes lo consumen pueden acelerar el deterioro hasta un 28%, y que definitivamente se relacionan con el síndrome metabólico, causando presión arterial elevada, niveles más altos de azúcar en sangre, anormalidad en triglicéridos y colesterol, así como el evidente aumento de la circunferencia de la cintura.
Ya muchas personas hacen esfuerzo por dejar de lado los ultraprocesados, para darle relevancia a los alimentos naturales e integrales. Personas que han dejado de contar calorías para centrarse en qué tan procesado es un alimento, qué tan lejos de su forma original está siendo comercializado.
No es sólo el sello en el empaque de si un producto es alto en sodio, azúcar o grasas, ahora la tendencia es ser consciente de si en el proceso de transformación, ese alimento está perdiendo o ganando valor nutritivo, y qué tan saludable es para nosotros.
Esto ha llevado a que se abran más debates a niveles de comunidades y en instancias políticas, obligando a formalizar definiciones y creando cambios culturales respecto a la comida «chatarra» y ultraprocesados, apuntando al fin a que podría producirse un cambio en la forma tanto de catalogarlos y comercializarlos como consumirlos.
Los músculos, de la estética a la salud
Por años, debido a prejuicios sociales antiguos, se han asociado a las personas musculosas ya bien con trabajadores fuertes y de mucha exigencia, o ya bien con deportistas consagrados; suponiendo que los que no son ni lo uno ni lo otro que sólo están preocupados por transmitir una imagen de masculinidad, poderío o narcisismo. Y este prejuicio, aunque te asombre, aún ocurre en muchos entornos.
Sin embargo, la ciencia y la medicina nos demuestra que ya no es sólo una cuestión de estética. La baja masa muscular puede agravar la resistencia a la insulina, reducir la flexibilidad metabólica y a largo plazo perjudicar la salud. La pérdida de músculo esquelético se denomina sarcopenia, y esta se relaciona significativamente con factores metabólicos como la hipertensión arterial y la glucemia en ayunas elevada. La sarcopenia no es una manifestación sólo de la edad, pues hábitos como el sedentarismo y la inactividad la promueven incluso en edades tempranas.
A hoy existen diferentes tipos de análisis de composición corporal, que se han convertido en poderosas herramientas para ofrecernos información clara de la masa muscular y revelando incluso grasa visceral, que no es visible sin tecnologías de imagen. Para el año que entra y los siguientes seguramente la atención de los profesionales de la salud y nutrición se va a centrar en tu índice de masa muscular con el propósito de aumentar las probabilidades de una edad adulta mayor de mejor calidad.
El cuidado físico, con ejercicios y actividades que mantengan nuestros músculos activos y firmes; el cuidado de nuestro cerebro para asegurar una buena salud mental y corporal mediante acciones que van desde la alimentación a lo social; y el buen criterio al seleccionar nuestros alimentos son algunas de las tendencias que marcan estos próximos años, todo enmarcado en la ciencia y apoyado por la tecnología
Cerebro de buena salud, verdadero tesoro
La idea de que a mayor edad se va deteriorando inevitablemente la salud mental se ha ido revaluando. Para este 2026 y los años venideros el propósito es preservar y optimizar de forma proactiva el volumen cerebral y la integridad de la materia blanca así como en los mecanismos para evitar la neuroinflamación. Esta última se presenta ante procesos infecciosos, traumas o trastornos autoinmunes. La ciencia y la medicina buscan una comprensión más profunda de su salud cognitiva, con herramientas que analizan la estructura, el volumen y el flujo sanguíneo del cerebro, y que ayudan a los pacientes a comprender los cambios antes de que aparezcan los síntomas.
La tendencia es hacia un cambio en el estilo de vida, priorizando factores como el ejercicio aeróbico y de resistencia, trabajando en la optimización del sueño, reduciendo el estrés y aumentando la participación social. Además de estos, se invierte en aplicaciones de entrenamiento cognitivo, y a niveles más avanzados o especializados, con productos que potencian el cerebro como alimentos, bebidas, suplementos, y dispositivos que ayudan a rastrear el rendimiento y la recuperación cerebral.
Vemos entonces que desde casa podemos trabajar en entrenar nuestra mente, con rutinas, juegos y procesos de concentración, que ayuden a mantener nuestra salud mental, nuestra memoria y el rendimiento cognitivo, lo que indudablemente garantiza una mejor calidad de vida en la vejez.
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